El parque de la ciudad, un extenso pulmón verde rodeado de árboles centenarios y un majestuoso lago artificial, estaba bañado por la cálida luz del mediodía. Aunque la presencia de un par de escoltas discretos a cierta distancia garantizaba la seguridad de la familia, la atmósfera que rodeaba a los Castellanos era la de cualquier familia plena disfrutando de un día de descanso.Mateo y Esperanza caminaban a la orilla del agua lanzando trozos de pan a los patos, mientras Lucas, tomado firmemente de la mano de Valentina, intentaba dar pequeños saltos sobre la hierba lanzando risotadas cada vez que el viento despeinaba su cabello. Sebastián caminaba a su lado, sosteniendo una manta de picnic y observando cada movimiento de sus hijos con una mirada serena.Marta, la fiel amiga y figura maternal de Valentina desde sus días en la cafetería, se les unió al poco tiempo en el parque, invitada especialmente para la ocasión. Al ver a Valentina lucir plena, fuerte y rodeada de sus tres hijos, la
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