Alessandra Dumont El vapor del baño todavía se aferraba a mi piel, un calor residual que contrastaba con el aire acondicionado gélido de la mansión. Salí envuelta en mi bata de baño blanca, sintiendo el tejido suave contra mi cuerpo mientras caminaba hacia la cama. Allí, como una intrusa en mi propia habitación, estaba mi maleta, abierta y esperando. Con movimientos precisos, comencé a sacar la ropa sucia que acumulé durante el viaje, depositándola en el cesto, y luego empecé a organizar la ropa limpia, colgando cada prenda con esmero. Estaba a punto de meter una blusa en el clóset cuando un suave golpe en la puerta interrumpió mi labor.Debe ser Alistair, pensé con una chispa de emoción contenida.Con una pequeña y genuina sonrisa curvando mis labios, me apresuré hacia la entrada, convencida de que era él quien venía a buscarme. Giré el pomo y abrí la puerta de inmediato, pero al encontrarnos cara a cara, el rostro que vi no fue el de Alistair, sino el de mi madre. Mi sonrisa no d
Leer más