Alessandra Dumont
Abrí los ojos con lentitud, sintiendo el peso reconfortante del brazo de Alistair todavía cruzado sobre mi cintura, manteniéndome anclada a su pecho. La noche anterior había sido una tormenta de pasiones, gritos ahogados y promesas silenciosas que aún zumbaban en mis oídos, pero la realidad no conocía de treguas. Hoy comenzaba el trabajo de campo.
Me moví con cuidado para no despertarlo, pero sus ojos azules se abrieron al instante, fijos en mí con esa intensidad indescifrab