Alistair FerreroEl roce de nuestros labios estalló como una chispa en medio de un polvorín. Mis manos, aferradas con una fuerza posesiva a su cintura, la elevaron ligeramente contra mi cuerpo mientras el beso se volvía cada vez más salvaje, hambriento, desprovisto de cualquier atisbo de paciencia. Alessandra respondió con la misma furia, abriendo los labios de par en par, devorándome con una desesperación que me encendió la sangre hasta quemarme por dentro.Rompí el beso un segundo, lo justo para respirar, y con un movimiento rápido y dominante deslicé mi mano firmemente por su cuello, aprisionando su nuca con los dedos mientras la inclinaba hacia atrás. Sus ojos azules se abrieron de golpe, oscurecidos por el deseo, brillando con una intensidad salvaje que me desafiaba a ir más allá.—Dime que eres mía, Alessandra —le exigí con una voz ronca, áspera y cargada de una urgencia indomable.—¡Tuya! ¡Soy completamente tuya, Alistair! —jadeó ella, arqueando la espalda contra mi mano, o
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