GraceMe ardió la cara al instante. Eleanor sonrió con una malicia que se le notaba cada vez más.—Uy, mírate, toda roja y nerviosa. Algo pasó, ¿no? ¡Con razón has estado inquieta y tensa todo el día!Le aparté la mano de un manotazo y me llevé las manos a las mejillas, que, para colmo, me ardían como lava.—¿D-de qué hablas? —dije de prisa, tratando de no parecer una criminal acorralada—. No pasó nada. Siempre se me pone la cara roja. Lo sabes. No seas tan dramática.Me miró con burla.—Sí, se te pone la cara roja. Pero suele pasarte cuando algo te da vergüenza. Por ejemplo, no sé, cuando algo pasa entre tú y ese hombre que te quita el aliento.—No hay ningún hombre —murmuré.—Claro, pero sí hubo algo entre tú y tu jefe.—En serio, no pasó nada. ¡Ni siquiera nos acostamos!Wyatt, que había estado callado, levantó la mirada de su jugo y parpadeó.—Entonces... ¿hicieron otra cosa?Casi me muero de vergüenza. Los miré a él y a Eleanor. Los dos tenían la misma expresión, ojos enormes y la
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