GraceYa no sabía qué estaba pasando. La mente se me quedó en blanco. Sus caricias, sus roces, su voz... Dios, sus palabras. Me recorrían toda la espalda.—Estás empapada, servida para mí como el platillo perfecto. Sería de mala educación no darme el gusto. Ahora quédate quieta y déjame comerte.¿Qué... qué fue eso? ¿Quién dice algo así? En mis veintitrés años de vida jamás había oído algo tan descarado, tan brutalmente honesto, tan arrogante y, aun así, tan caliente que me hizo temblar los muslos.El escritorio era amplio y frío. Yo estaba encima, abierta de piernas como una maldita ofrenda, y él entre ellas como si yo fuera su festín personal. La forma en que me miraba, carajo, era la de un depredador saboreando el aroma antes de la primera mordida. Yo era la comida, servida en bandeja, lista para él.Me habría reído, si no fuera porque me ardía todo. ¿Cómo pasé de ignorarlo, de esconderme de él, de huir de este hombre, a estar tendida en su maldito escritorio, con el corazón descont
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