Grace
—Tengamos sexo, señorita Grace.
Me atraganté con mi propia saliva. Me llevé la mano a la boca mientras tosía, tratando de entender lo que acababa de escuchar.
¿Sexo? O sea, ¿sexo de verdad?
¿Era alguna clase de prueba? ¿Una alucinación? Hacía apenas cinco minutos, creía que mi vida se había acabado por haber hablado de más como una tonta, y encima porque él había confirmado que yo era la mujer de esa noche. Pensé que había tocado fondo, pero, por lo visto, aún quedaba otro nivel más abajo.