Astra avanzó furiosa por los pasillos de piedra de las cámaras del Alfa. Sus pasos resonaban con determinación y un creciente temor. Había oído los susurros. Gemidos bajos. Golpes rítmicos. Pero se negaba a creer lo peor. Aun así, algo le carcomía las entrañas. Apretó con fuerza el emblema plateado cosido en su capa, símbolo de su derecho de nacimiento como Princesa Alfa. Se obligó a mantener la calma.
Pero en el momento en que su mano empujó las puertas dobles de los aposentos privados de Kier