A las siete y cincuenta de la noche, Helena ya estaba lista.O al menos eso se decía a sí misma.Porque en los últimos quince minutos se había cambiado de ropa tres veces.Lo cual era ridículo.Completamente ridículo.No iba a una cita.No iba a un evento corporativo.Y mucho menos a una reunión de Valença Global.Era solo una salida con Emma.Como hacen las personas normales.Y aun así...Se sentía extrañamente nerviosa.El intercomunicador sonó.—Helena, tu amiga ha llegado.—Gracias.Pocos minutos después, Emma entró al apartamento.Se detuvo.Miró.Parpadeó.Y se llevó una mano al pecho.—Dios mío.Helena puso los ojos en blanco.—Ni empieces.—¿Tú vives aquí?—Sí.—Todavía me impresiona.Emma caminó por la sala.Observándolo todo.La vista.La decoración.Las enormes ventanas.—Si yo fuera tú, me pasaría el día entero mirando Manhattan.—Ya me lo has dicho cinco veces.—Porque sigue siendo verdad.Las dos comenzaron a reír.Entonces Emma finalmente observó la ropa de su amiga.Pa
Leer más