Helena se quedó inmóvil.
La sonrisa de Rebecca seguía grabada en su mente.
Pequeña.
Tranquila.
Casi amistosa.
Pero aterradora.
Porque no era la sonrisa de alguien que intentaba esconderse.
Era la sonrisa de alguien que quería ser encontrada.
Corrió hacia la puerta principal.
Empujando los torniquetes.
Ignorando las miradas de los guardias de seguridad.
Pero cuando llegó a la calle...
Rebecca había desaparecido.
Como un fantasma.
La multitud seguía su ritmo habitual.
Taxis.
Ejecutivos.
Turistas.