El silencio dominó la oficina.Helena observaba a Gabriel.La tensión en su rostro era imposible de ocultar.—¿Dónde está?preguntó.Gabriel tomó las llaves del coche.—En un hotel del centro de la ciudad.—¿Y dijo que intentaron matarla?—Sí.La respuesta fue seca.Directa.Como si todavía estuviera intentando procesar la información.Helena se puso de pie de inmediato.—Voy contigo.Gabriel levantó la mirada.Por un instante pareció considerar negarse.Pero finalmente asintió.—De acuerdo.Veinte minutos después, los dos atravesaban Manhattan.La lluvia comenzaba a caer.Ligera.Constante.Transformando las luces de la ciudad en manchas de colores sobre el asfalto.Dentro del automóvil, el silencio permanecía.No era incómodo.Era preocupación.—¿Le crees?preguntó Helena.Gabriel tardó algunos segundos en responder.—No lo sé.—Pero fuiste a verla inmediatamente.—Porque, si está diciendo la verdad, alguien corre peligro.Helena lo comprendió.A pesar de todo.A pesar de la ruptura
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