—Mate.La palabra salió de la boca de Kael con una voz que no era completamente suya.Era más profunda. Más áspera. Una voz nacida entre colmillos, noches de caza y una oscuridad que no conocía leyes humanas. Sus ojos se habían vuelto de un dorado absoluto, sin rastro de pupilas, y la línea de luz que unía nuestros pechos palpitó como un segundo corazón.Nadie se movió.Ni siquiera Mirella.Eso confirmó la gravedad del momento. Mi prima era capaz de hablar durante funerales, ataques y ceremonias en las que se había pedido expresamente guardar silencio.—¿Ha dicho…? —empezó Marlow.—No —respondió Kael.Su voz volvió a ser humana.La luz dorada desapareció de sus ojos con tanta rapidez que habría pensado que nunca había estado allí. Dio un paso atrás, rompiendo la cercanía entre nosotros, aunque el hilo dorado y plateado permaneció suspendido durante unos segundos más.Después se apagó.El frío ocupó su lugar.—Todos lo escuchamos —dijo Mirella.Kael la miró.—Escucharon una reacción pr
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