Kael me miró.La pausa duró menos de un segundo.Pero yo ya conocía demasiado bien aquella clase de silencio.Era el espacio exacto que existía entre mi palabra y su confianza.—No los envié —dije.La frase salió tranquila.Más tranquila de lo que me sentía.Kael todavía tenía una mano cerca de mi rostro, donde había secado una lágrima que ya no recordaba por qué estaba allí. El vínculo entre nosotros seguía abierto, pero dentro de él permanecía aquel vacío extraño, un espacio donde faltaba algo que solo yo podía recordar.Un niño.Una promesa.Un nombre que empezaba con A.Y ahora, antes de que pudiera explicarle nada, otra acusación había llegado hasta nuestra puerta.Bram golpeó de nuevo.—Alpha, el C
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