Capítulo 46 — Regreso a la fortalezaCaminaron dos horas a paso rápido, silenciosos, con los puños apretados sobre sus armas. La columna de doscientos hombres desplegaba sus lanzas y estandartes negros con cabeza de lobo. Elena iba a caballo entre los dos hermanos, su puñal al cinto, su vientre aún plano pero habitado.El olor llegó antes que la vista. Una pestilencia a quemado, a piedra calcinada, a carne fundida. Luego el humo — un velo gris que se elevaba sobre los árboles, se mezclaba con las nubes.La fortaleza Blackwood aún se alzaba, pero ya no era más que un esqueleto.Las murallas seguían en pie, ennegrecidas, agrietadas. La puerta principal yacía en dos trozos, calcinada, inservible. Dentro, el patio no era más que un campo de cenizas. Los establos se habían derrumbado, desprendiendo un olor a caballos quemados vivos. El gran salón, la biblioteca, la capilla — todo había sido devorado por las llamas.Elena desmontó, sus botas hundiéndose en la ceniza tibia.— Darius —murmuró
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