Capítulo 46 — Regreso a la fortaleza
Caminaron dos horas a paso rápido, silenciosos, con los puños apretados sobre sus armas. La columna de doscientos hombres desplegaba sus lanzas y estandartes negros con cabeza de lobo. Elena iba a caballo entre los dos hermanos, su puñal al cinto, su vientre aún plano pero habitado.
El olor llegó antes que la vista. Una pestilencia a quemado, a piedra calcinada, a carne fundida. Luego el humo — un velo gris que se elevaba sobre los árboles, se mezclaba con l