Capítulo 47 — Duelo
Alcanzaron el paso de los Lobos al amanecer del tercer día.
La niebla era espesa, pegada a las laderas de la montaña como una segunda piel. No se veía a diez metros. Los cascos de los caballos resbalaban sobre las piedras mojadas. Los hombres avanzaban en silencio, con las manos sobre sus espadas, los sentidos alerta.
Fue en esa niebla donde apareció Darius.
Salió de la nada, desarmado, con las manos en alto, vestido con una simple túnica gris. Su cabello blanco pegaba a su