Capítulo 48 — Sala de hospital
Elena ardía.
La fiebre había subido durante la noche, devorando su cuerpo debilitado por las heridas. Las heridas de flecha se habían infectado a pesar de los cuidados improvisados. Su rostro estaba rojo, sus labios agrietados, sus ojos en blanco.
— Hay que llevarla de vuelta a la fortaleza —dijo Cassian—. ¿Queda algún lugar en pie?
— La enfermería —respondió Julian—. Los muros están calcinados, pero el techo aguanta.
La tumbaron en un catre, en la sala que antaño