Capítulo 50 — Los esponsales de las sombras
La fortaleza aún no estaba reconstruida, pero una estancia se había salvado de las llamas — la capilla. Sus muros estaban ennegrecidos, sus vidrieras rotas, pero el altar de piedra aún se mantenía en pie. Y en esa capilla, al caer la noche, se celebró la ceremonia más secreta que los Blackwood hubieran celebrado nunca.
No había invitados. Ni sacerdote. Ni estandartes.
Solo ellos tres.
Elena vestía un vestido blanco, sencillo, de lino crudo — el que ha