Capítulo 49 — Despertar a tres
La fiebre había bajado.
Elena despertó lentamente, como quien emerge de las profundidades del océano. Sus párpados estaban pesados, sus miembros entumecidos, pero el dolor — el dolor agudo de las heridas — se había convertido en un simple dolor muscular.
Estaba tumbada en una cama. No el catre de la enfermería — una cama de verdad, de madera encerada, con sábanas de lino fresco. La habitación era pequeña, desconocida, pero olía a madera nueva y a cera de abeja.
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