Punto de vista de Laila—Ay, cariño —murmuré, atrayéndola hacia mí—. Sé que a veces es difícil ver a otras familias, pero solo somos tú y yo. Somos un equipo, y nos cuidamos la una a la otra.Apoyó la cabeza en mi hombro y dijo con la voz apagada:—¿Pero no sería lindo tener a un lobo fuerte, como Jason, para que también nos cuidara?Cerré los ojos, tragándome las lágrimas que me ardían. ¿Cómo podía explicárselo?¿Cómo le decía a una cachorra de seis años que su padre era más que fuerte, que era intocable? Que su mundo estaba construido sobre reglas y poder, y que yo jamás encajaría en él. Que él había elegido ese mundo en mi lugar.—Tal vez algún día —mentí, con amargura en las palabras—. Pero por ahora, primero vamos a enfocarnos en que te mejores. Y cuando lo logres, te compraré ese conejo de peluche que querías.—¿El de las orejas caídas? —preguntó, con el rostro serio.—El de las orejas caídas —prometí.Asintió, satisfecha, y su cuerpecito se relajó entre las almohadas. Minutos d
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