Punto de vista de Jason
La posibilidad de que Laila se hubiera ido para siempre me provocó un dolor punzante en el pecho.
Marcus estaba de pie frente a mi escritorio con un aspecto sombrío, como si acabara de dictar una sentencia de muerte.
No. No podía ser verdad.
—¿Cómo es posible que Laila esté muerta? —Las palabras me dejaron un mal sabor de boca—. ¿Qué pruebas tienes?
Cambió el peso de una pierna a la otra y se aclaró la garganta, de la misma forma en que lo hacía siempre que sabía que yo estaba a punto de perder el control.
—Jason, el investigador hizo lo mejor que pudo, pero cuando los registros de alguien se borran por completo...
—¡Quiero detalles! —Golpeé el escritorio con el puño con la fuerza suficiente para hacer vibrar los portarretratos—. Si vuelves a reportar información tan descuidada sin revisar cada dato, enfrentarás las consecuencias.
La orden de Alfa en mi voz lo hizo estremecerse. Bien. Quizá así lo entendería.
—Sí, Alfa. Investigaré más a fondo. Conseguiré pruebas reales de una forma u otra.
Pruebas. Claro.
Un sinfín de sentimientos complicados bullían en mi interior.
Siempre creí que mi compañera destinada perfecta sería mi pareja ideal, así que me convencí de que solo quería intentarlo con Laila. Un simple movimiento impulsivo, nada serio.
Sin embargo, resultó más difícil de lo que pensaba decirle a Laila que solo sentía curiosidad por acostarme con ella, en especial cuando me miró con lágrimas en los ojos.
Pero más tarde, Brittany nos dijo que Laila ya se había marchado. Incluso le había pedido dinero y sonaba como si estuviera de acuerdo con abandonarme para siempre.
Entonces la culpé por irse sin siquiera despedirse de mí o, al menos, de mis padres, quienes la habían criado y le habían dado un hogar.
Ahora, al darme cuenta de que podría estar muerta… el miedo crecía en mi interior.
Fue entonces cuando Brittany hizo su aparición. Se deslizó en mi oficina como si fuera la dueña del lugar, con esa expresión de suficiencia plasmada en el rostro.
Me aparté de un tirón de las manos que me tendía.
—No estoy de humor, Brittany. Solo vete.
Torció los labios en aquel puchero tan familiar, ese que solía hacerme sentir culpable pero que ahora solo me enfurecía.
Después de conocernos hacía seis años, tardé un tiempo en darme cuenta de que a Brittany no le importaban en absoluto los asuntos de la manada y siempre era cruel con los lobos a nuestro servicio.
Nuestra relación había estado yéndose a pique durante años. Había buscado razones para rechazarla, pero la política de la manada lo complicaba demasiado.
Un Alfa no podía hacer a un lado a su compañera destinada sin una buena razón; Brittany nunca cometía errores graves y se aferraba a su posición de Luna como si su vida dependiera de ello.
Mis pensamientos volvieron a girar en torno a Laila, como era costumbre.
Recordé la forma en que solía acurrucarse a mi lado después de haber estado juntos; cómo trazaba dibujitos en mi pecho mientras hablaba de pequeñas cosas: un libro que había leído, un atardecer que había visto, sueños de viajar a lugares más allá de los territorios de la manada.
Era amable y genuina de una manera que Brittany jamás logró ser.
No podía evitar pensar que, si no hubiera conocido a Brittany en aquella ceremonia de apareamiento hacía seis años, tal vez algún día habría renunciado a encontrar a mi compañera destinada y anunciado a Laila como mi Luna. Y quizá habría tenido una vida mucho mejor que la actual.
Pero eso nunca iba a suceder, porque Laila se había marchado e intentado sacarle dinero a mi familia antes de irse.
Por primera vez en seis años, comencé a preguntarme: ¿cómo era posible que una loba que parecía amarme tan sinceramente abandonara la manada de esa manera? Como si ya lo tuviera todo preparado y nunca le hubiera importado nadie en realidad.
¿Había algo mal? ¿Se me escapó algún detalle?
Entonces Brittany vio el documento sobre la mesa con el nombre de Laila.
—¿De verdad estás buscando a esa patética humana? —La voz de Brittany cortó los recuerdos como una cuchilla, afilada por la acusación.
Levanté la cabeza de golpe. Algo peligroso debió asomarse a mi expresión, porque ella dio un paso atrás.
Su voz se elevó, más desesperada.
—¡Ni siquiera podía transformarse correctamente! ¿Qué sentido tiene volver a buscarla?
—No vuelvas a hablar así de ella —advertí, con voz baja y letal—. Y sabes que mi madre quiere verla.
—¡Lleva seis años fuera! Te dejó por dinero. ¡Nunca volverá!
Las palabras resonaron en mi cabeza. Se ha ido. Nunca volverá.
—Ya basta —dije sin rodeos—. Y vete. Ahora.
Sus ojos brillaron de ira, pero sabía que era mejor no presionar cuando yo estaba de ese humor. Salió enfurecida, dando un portazo con la fuerza suficiente para hacer temblar las ventanas.
Me dejé caer en la silla y me pasé las manos por el cabello.
Mi teléfono vibró con un mensaje de mi madre sobre la cena de esta noche. Una cena familiar, del tipo en el que me presionarían para que me casara con Brittany y tuviera herederos.
De repente me sentí cansado de todos esos vínculos y responsabilidades; solo quería perderme un momento más en los buenos recuerdos entre Laila y yo.
***
Punto de vista de Laila
Antes de salir a cenar con Riley, me aseguré de que todo en el hospital estuviera en orden.
Ava ya estaba acomodada para pasar la noche, con una amable sanadora vigilándola. Besé la frente de mi cachorra, le prometí que volvería pronto y me escabullí mientras dormitaba.
Riley ya había llegado cuando entré a Marco's.
El restaurante era perfecto para ese tipo de conversaciones: iluminación tenue, cabinas privadas. El tipo de lugar al que los lobos acudían para discutir asuntos que no querían que nadie más escuchara.
Riley jugueteaba con la servilleta mientras picoteaba el antipasto.
Entonces soltó la bomba.
—Escuché que Jason te ha estado buscando durante un tiempo.
Mi copa de vino se detuvo a medio camino de mis labios.
—¿Me ha estado buscando? ¿Por qué? Después de todos estos años...
—No lo sé, pero parece ir muy en serio al respecto. —Su expresión era sombría—. Al principio no encontró nada, y ahora ha contratado a múltiples investigadores privados. Está ofreciendo grandes recompensas por cualquier información.
—No importa —dije con calma—. La Laila que él quiere encontrar ya no existe.
Antes de que pudiera responder, el rostro de Riley palideció. Miraba fijamente algo detrás de mí.
—¿Qué ocurre? —pregunté, aunque ya lo sabía.
—No te des la vuelta —siseó—. La familia de Jason acaba de entrar. Todos ellos.
La sangre se me heló en las venas.
—¿Todos ellos?
Ella asintió.
—Jason, su Beta, sus padres... y Brittany.
En contra de todo sentido común, me di la vuelta.
Allí estaban. Ocupaban una mesa grande en la esquina. Jason estaba sentado como una tormenta contenida a duras penas, su presencia llenaba la habitación. Sus padres parecían mayores, desgastados.
Y Brittany seguía siendo hermosa, impecable. Seguía siendo todo con lo que yo nunca podría competir.
Fue entonces cuando nuestras miradas se cruzaron desde el otro lado del restaurante.
Al ver mi rostro con claridad por primera vez, Jason se paralizó y el desconcierto se dibujó en sus facciones.
—¿Laila?