Susan se giró lentamente para mirarlo, con el corazón latiéndole con fuerza. Sus ojos eran oscuros, fijos en los de ella, y la tensión entre ellos resurgió con fuerza, crepitando en el aire como electricidad. Estaba demasiado cerca; lo suficientemente cerca como para sentir su aliento en la piel, oler el tenue aroma a whisky y algo más oscuro, algo peligroso.Susan asintió, con la garganta anudada, incapaz de articular palabra. No confiaba en su voz, no confiaba en sí misma para hablar sin delatar lo nerviosa que la ponía su presencia. La mirada de Leo se posó en sus labios por un instante antes de retroceder, rompiendo el hechizo entre ellos. Sin decir palabra, abrió la puerta. Connor ya estaba allí, con expresión neutra pero vigilante.La voz de Leo rompió el silencio. «Connor, por favor, acompáñala hasta su coche».Connor asintió y, sin volver a mirar a Leo, Susan salió al pasillo, con el corazón aún latiéndole con fuerza. Mientras Connor la alejaba, podía sentir la mirada de Leo e
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