—Por lo que recuerdo, tú también te mirabas bastante —dijo ella, alzando la barbilla—. Sabes que eres un cretino, Simon. Dices que no eres como la gente dice que eres, pero eso es mentira. Me acusaste falsamente de algo que no hice, ni siquiera te molestaste en disculparte, me amenazaste e intentaste chantajearme para que volviera a trabajar para ti reteniendo mi sueldo hasta ahora. ¿Por qué crees que puedes arrastrarme hasta aquí, encantarme con tu mirada y tus palabras, y que voy a volver corriendo a tus brazos? Pues qué pena, eso no va a pasar. Ahora, con tu permiso, tengo que volver a la fiesta...Simon sonrió, mostrando unos dientes blancos, fuertes y relucientes, y Sara se sintió momentáneamente mareada. Se balanceó sobre sus talones y una luz diferente apareció en sus ojos. Una luz mucho más peligrosa, y Sara se dio cuenta de que estaba atrapada. —Déjame salir de aquí, Simon —dijo él con firmeza.—No —respondió él con firmeza.—¿No? —preguntó ella, sorprendida por su respuesta
Leer más