Simon dudó un instante antes de seguirla. Era tan diferente a cualquier mujer que hubiera conocido que no lograba comprender del todo lo que sentía. Físicamente, ardía de deseo por ella. Casi siempre, necesitaba verla, tocarla, o sentía que se volvía loco. No estaba acostumbrado a que ninguna mujer estuviera tan pendiente de él, y, además, no estaba acostumbrado a no tener el control absoluto con sus amantes. Lo excitaban, sí, para eso las elegía, pero nunca hasta el punto que sentía con esta mujer. Esto era diferente.Se ajustó los puños antes de salir, incómodamente consciente de su constante excitación. Era diferente simplemente porque no era una de esas mujeres refinadas de la alta sociedad que abundaban en su círculo social, que se le insinuaban, eso era todo. Seguía siendo solo una aventura, y no dudaba de que pronto la miraría y se preguntaría qué le había preocupado tanto. Un poco más tarde, en el exclusivo hotel donde se celebraba el fastuoso baile benéfico de su banco, Simon
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