Se había sentido enfadado y dolido el día que insistió en que ella continuara con el rediseño de su apartamento, y ahora se encontraba castigado, pues día tras día se veía obligado a soportar la fría profesionalidad con la que ella lo trataba. Para colmo, cada vez que entraba en su apartamento, sus sentidos eran bombardeados por… bueno, por la presencia de Sara.Ahora podía ver su influencia por todas partes en esta habitación recién amueblada y decorada: las paredes de color terracota pálido adornadas con vibrantes pinturas de islas, la alfombra del color del mar en verano, el profundo color óxido de los cómodos sofás y sillones con numerosos cojines en tonos azules, verdes y amarillos, las cortinas de los enormes ventanales con esos mismos colores intensos.Tal audacia cromática debería haber sido excesiva, y sin embargo, de alguna manera, no solo funcionaba, sino que también parecía llenar un vacío en el alma de Simon. Un vacío que Sara no solo había visto y reconocido en él, sino
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