Por primera vez en muchos años, Damian sintió miedo de la respuesta que estaba buscando. Aquella frase seguía resonando en su cabeza incluso después de haberse alejado de la puerta de la habitación. —Daddy... Una sola palabra. Una palabra que no debería significar nada. Pero, por alguna razón, aquella palabra se sentía como un martillo golpeando algo que había permanecido herméticamente encerrado dentro de él durante todo ese tiempo. Había un par de ojos observando a Damian mientras permanecía inmóvil, absorto en sí mismo, pero nadie sabía lo que estaba sintiendo en ese momento. Nadie conocía lo que había en su corazón, nadie conocía aquel dolor que ni siquiera él mismo era capaz de describir con palabras, el tipo de dolor que lo consumía en ese instante. Damian se detuvo al final del pasillo. Apoyó una mano contra el cristal de una ventana del hospital. Respiraba con dificultad. Por primera vez desde que había llegado al hospital, su mente era incapaz de mantenerse tan ser
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