Damian contempló aquella última hoja.
Sus dedos se quedaron inmóviles sobre el papel.
El sonido del aire acondicionado.
El eco de unos pasos fuera de la habitación.
Incluso los latidos de su propio corazón.
Todo comenzó a alejarse.
Como si el mundo desapareciera lentamente a su alrededor.
Solo quedaba una hoja de papel.
Un nombre.
Una verdad.
Su mirada descendió hasta el apartado de identificación.
Y el mundo pareció dejar de girar.
Damian leyó aquel nombre una vez.
Luego una vez