La noche avanzaba cada vez más, envolviendo cada rincón de la ciudad en un silencio penetrante. La lluvia torrencial que había caído sin descanso durante los últimos días finalmente cesó por completo, dejando charcos y el asfalto mojado brillando bajo los destellos amarillos de las farolas. En la superficie, la ciudad parecía tranquila, como si al fin estuviera descansando del bullicio del día. Sin embargo... Detrás de aquella calma engañosa... Alguien seguía contando cada segundo que pasaba. Dentro de un automóvil negro como el hollín, cuidadosamente estacionado a un costado de una calle oscura y solitaria... La pantalla de un teléfono celular se iluminó de repente, rasgando la oscuridad del interior. Su fría luz reveló una sola línea de texto, cargada de una amenaza seca e implacable. **Mañana. No falles.** Apenas unos segundos después, unos dedos se deslizaron con rapidez sobre la pantalla. La respuesta fue enviada. **Todo está listo. No tendrán la oportunidad de empezar
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