Esa noche, Livia fue incapaz de cerrar los ojos.La imagen de la risa de Starla resonando en el jardín de la azotea del hospital no dejaba de dar vueltas en su mente. La sonrisa sincera de su hija mientras sostenía la mano de Damian, aquella sencilla promesa de ir juntos a ver el mar, y el brillo de felicidad en sus ojos, uno que hacía tanto tiempo que no veía, aparecían una y otra vez.Por primera vez en los últimos siete años, la convicción a la que se había aferrado comenzó a resquebrajarse.¿De verdad estaba protegiendo a Starla...?¿O, por el contrario, le estaba arrebatando la felicidad que su hija nunca había tenido?Livia exhaló lentamente antes de volver la mirada hacia la cama.Starla dormía profundamente, abrazada al oso de peluche que Damian le había regalado. Su pequeño rostro lucía tan sereno. De vez en cuando, una tenue sonrisa se dibujaba en sus labios, como si aún siguiera inmersa en el hermoso sueño que le había dejado aquella tarde.Sentada en la silla junto a la ca
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