Aquella mañana, el cielo seguía cubierto por un espeso manto de nubes grises. Los restos de la lluvia de la noche anterior aún empapaban las calles de la ciudad, dejando un aire helado que se filtraba hasta los huesos, como si absorbiera el último rastro de calor que quedaba en el mundo. En su apartamento, Damian permanecía sentado solo en su despacho, envuelto por la penumbra. Sobre el escritorio de madera que durante años había sido el lugar donde tomó incontables decisiones importantes, el mismo escritorio que había sido testigo del punto más alto de su gloria y también del derrumbe de su vida, descansaba una carpeta negra. Aquella gruesa carpeta contenía el resultado completo de la investigación. Toda la verdad que había permanecido enterrada. Todas las mentiras cuidadosamente alimentadas. Y todo el remordimiento abrasador que lo había perseguido durante siete años, cada vez que cerraba los ojos. Damian contempló la carpeta durante largo rato. En medio de aquel silencio v
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