Ni siquiera era guapa, y la mayoría de las veces en las que coincidí con ella, porque era nuestra vecina, siempre iba con camisas sucias, con el cabello despeinado, incluso enredado, y siempre olía a algo extraño, como a papilla de bebé, o algo así. No, no lo entendí, y mi ira creció.¿Cómo iba a reaccionar de otra manera si me restregó en la cara su infidelidad, si fue tan descarado para meterla en nuestra casa, en nuestra cama, violando más que nuestro voto de fidelidad?Se suponía que éramos exclusivos, que nuestra relación iba bien, que nos deseábamos, como cada día nos lo mostrábamos, teniendo sexo bastante bueno. Tal vez no me desfogaba con él como yo necesitaba, ya que mi cuerpo era más ardiente que el suyo, y no lo decía porque Hans fuera un hombre promedio de mediana estatura, delgado, con gafas y con cierto aire a geek, en realidad, hasta me gustaba que fuera así, que fuera más delgado visualmente que yo, que su cintura fuera tan estrecha como la mía, que en mis caderas se p
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