—¿Vas a estar bien, cariño? ―preguntó mamá con esa voz maternal y suave que me dio a entender que estaba bastante preocupada.
Suspiré y cerré los ojos, apretándome el puente de la nariz con el índice y el pulgar, agotada por lo que pasé esos últimos días. Me apoyé con la mano en el marco de la entrada.
―Sí, voy a estar bien, no te preocupes ―dije y me pasé el móvil a la otra oreja, porque ya tenía el oído caliente, y cerré la puerta tras jalar las maletas.
La llamada había durado demasiado para