Sonriente, se relamió, degustando el elíxir de su hembra, y gateó por su cuerpo, regando besos por su abdomen, por sus senos, limpiando la leche derramada durante los orgasmos. Mónica apenas respiraba, demasiado sensible para gemir, para moverse, hasta que Zac succionó su pezón con fuerza, justo el seno que no fue mancillado previamente y le arrancó un grito femenino, llenando su boca con su leche tibia y dulce que le hizo ronronear.
―¡Zac! ―sollozó lloriqueando gracias al sobre estímulo, ponie