Delia no se comparaba en absoluto a Mónica, Mónica era espectacular, y Delia era guapa, pero, sobre todo, Delia estaba comprometida a hacer lo que él quisiera, así que podía usarla sin temor a que le pidiera nada, Delia no lo necesitaba, ella también estaba casada y no le pedía nada, más que la diversión pasajera que ambos necesitaban para salir de la rutina del matrimonio.«Si tan solo Mónica abandonara la idea de tener hijos, volvería a ser perfecta» ―se dijo arreglando su corbata, antes de bajar por las escaleras―. «Ya lo hará. Recapacitará y cuando lo haga… la cogeré sin pensar que es Melissa, tomaré sus nuevas tetas y haré que me coja el pene» ―pensó, relamiéndose, recordando la suavidad de los senos dos tallas más grandes de Mónica, al final, en realidad, le gustaba mucho más las nuevas formas de su mujer, solo que pensar que las hormonas habían ocasionado tal cambio en cuestión de poco tiempo lo ponía a sudar. Si eso hacían en unas semanas, no quería ni imaginar lo que un bebé
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