«Si das un paso más, solo un metro más, papá… esta noche mueres».La voz de Alejandro era tan serena que toda la ladera pareció enfriarse aún más.Ricardo se detuvo justo en el haz de los faros del coche; sostenía un bastón negro en una mano, con una expresión tan tranquila como si estuviera a punto de elegir una cosecha de vino, no como el hombre que intentaba llevarse a la antigua pareja de su hijo frente a sus propios nietos.El hombre de la Guardia Aegis que sujetaba la muñeca de Isabella apretó el agarre con más fuerza.No lo suficiente para herirla.Lo bastante para recordarle que aún tenía control sobre su cuerpo.«Te sugiero que bajes la pistola», dijo Ricardo.Alejandro no se movió.Detrás de él, Lucas permanecía en la boca del túnel, con el rostro pálido como la cera.Sofía lloraba acurrucada entre los brazos de Marta.Valentina maldecía en voz baja, mientras recorría con la mirada las posiciones ocultas entre los árboles.Javier y Ruiz ya apuntaban desde dos ángulos distint
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