La inesperada propuesta de Chris cayó sobre Leila como un bálsamo cálido, pero también como un peso abrumador. En la penumbra del coche, la oferta de Chris la llenaba de una compleja mezcla de intensas expectativas y un profundo, casi paralizante temor. Una parte muy dentro de ella, cansada de luchar en soledad y de huir en la sombra, quería decirle que sí de inmediato, lanzarse a sus brazos y aceptar ese refugio inexpugnable que él le ofrecía con tanta firmeza. Sin embargo, la otra parte, golpeada por los fantasmas del pasado, sentía un terror cerval al simple hecho de volver a confiar su vida y la de su hija en las manos de un hombre.«Una vez confié ciegamente en un hombre que juraba amarme, y mira exactamente a dónde me llevó eso... a una celda de prisión, a la pérdida de mi hija y a la destrucción de mi vida», pensó ella, sintiendo que un escalofrío de prudencia le recorría la columna vertebral.Apretó las manos sobre su regazo, bajando la mirada para no cruzarse con la intens
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