El crujido seco de la puerta de madera al cerrarse tras la salida de Teresa dejó un silencio denso y bienvenido en el despacho.
Mike no levantó la mirada de la mesa de caoba de inmediato.
Continuó deslizando la pluma estilográfica sobre la hoja del expediente clínico, trazando letras firmes y simétricas con una precisión quirúrgica.
Escuchó el sonido rítmico de los tacones de su esposa alejándose por el pasillo hasta que el rumor se perdió por completo entre los ruidos habituales de la Unidad