Después de terminar de almorzar, Sebastián regresó a su oficina. Intentó concentrarse en los asuntos pendientes, pero su mente continuaba regresando al restaurante. Fue inevitable revivir todo lo que había sucedido entre ellos. Momentos intensos y llenos de placer. Encuentros inesperados donde no sólo la piel sino también el alma se disponían para el amor. Repentinamente el teléfono de su oficina sonó. Sebastián levantó el auricular, presionó el botón y tomó la llamada.—Sí Natalie, dime. —El licenciado Ramírez desea hablar con usted. —Está bien, pásame la llamada. —Enseguida lo comunico. Sebastián suspiró hondo. Cada vez estaba más cerca de su objetivo principal, recuperar las tierras de sus abuelo. —¿Sebastián?—Sí Ramírez, dígame. ¿Ya tiene alguna novedad?—Precisamente por eso te llamo. Sebastián se incorporó ligeramente en su asiento.—He terminado de revisar los documentos que me entregó.—¿Encontró alguna prueba contundente?—Sí. Efectivamente la firma qu
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