Jacobo entró al bar. La hermosa pelinegra levantó su mano para saludarlo desde la barra. Él se acercó hasta ella.
—Por un momento pensé que no vendrías —susurró ella a su oído.
—Jamás dejarías a una mujer tan bella esperando. —dijo y tomó asiento.
Él pidió un trago al bartender, y mientras lo sostenía el vaso de licor escuchaba a la joven que tenía sentada frente a él.
La hermosa joven hablaba con entusiasmo, contándole una anécdota que parecía divertirla mucho más a ella que a él. Jacob