El ambiente en la sala familiar de la residencia Collins se sentía mucho más tenso y opresivo que de costumbre. Durante los últimos días, la atención de todos los miembros de la familia parecía haberse centrado en una sola cosa: la invitación de boda entre Darian Vane y Harper Collins. Sin embargo, hasta ese momento, ni una sola invitación había llegado a su casa.Elizabeth estaba sentada en el sofá de terciopelo, mirando repetidamente el reloj de pared que seguía tic-tac. Su rostro empezaba a mostrar una clara impaciencia. —Esto realmente no tiene sentido —murmuró, rompiendo el silencio.Alexander, su esposo, solo suspiró en silencio. Mientras tanto, Edward, que estaba sentado en su gran sillón individual, levantó lentamente la cabeza. Como el hombre más anciano de la casa, la mirada del abuelo se veía mucho más afilada y calmada.—¿Qué es lo que no tiene sentido para ti, Elizabeth? —preguntó Edward con su voz barítona ronca por la edad.—La boda de Harper y Darian es en solo unos dí
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