Harper miraba fijamente el cheque que yacía sobre la mesa de centro. La cantidad que estaba escrita allí era realmente fantástica: una suma de dinero que probablemente nunca podría reunir por sí misma, aunque trabajara duro toda su vida.
Rosalie, que observaba la expresión de Harper, sonrió con total confianza. La mujer mayor creía que ya había ganado, porque sabía que ninguna mujer en la posición de Harper sería capaz de rechazar tanto dinero.
—Piénsalo bien, Harper —dijo Rosalie mientras cruz