Después de que Rosalie y Vincent se marcharan de la mansión, el ambiente de la casa volvió poco a poco a la calma. Sin embargo, esta tranquilidad se sentía diferente, porque dejaba un silencio profundo y absoluto en cada rincón de la habitación.
Harper estaba de pie junto a la ventana de la sala de estar, con la mirada perdida hacia el jardín trasero que empezaba a oscurecerse bajo los restos de la luz del atardecer. Su mente aún daba vueltas a lo sucedido hacía unos minutos: la fuerte bofetada