En aquella noche larga que aún envolvía el complejo del hotel, el ambiente en un café abierto las veinticuatro horas, situado no muy lejos de allí, se sentía profundamente silencioso. En un rincón tenuemente iluminado, una mujer se encontraba sentada sola. Un sombrero de ala ancha y unas grandes gafas de sol ocultaban gran parte de su rostro, escondiendo su expresión de la mirada ocasional de los camareros que pasaban.Poco después, la puerta del café tintineó suavemente. Mateo Roth entró con paso despreocupado, recorrió el lugar con la vista y finalmente acercó una silla justo frente a la mujer.—Parece que todo está saliendo según nuestro plan —dijo Mateo abriendo la conversación en voz baja, casi en un susurro.Una sonrisa satisfecha se dibujó de inmediato en los labios de la mujer. Lentamente se quitó las gafas de sol, revelando un par de ojos que brillaban llenos de triunfo. Era Victoria. La mujer que había estado moviéndose entre bastidores, vigilando cada movimiento de Harper c
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