Capítulo 32. Pánico.
Minutos después, la turbulencia había quedado atrás. Aunque Fernando aún seguía inquieto.La luz roja del cinturón continuaba encendida, pero el avión había recuperado la estabilidad. Poco a poco, los pasajeros volvieron a relajarse. Algunos retomaron sus películas. Otros se acomodaron bajo las mantas. Las luces principales se atenuaron hasta dejar la cabina sumida en una agradable penumbra azulada.El silencio se instaló.Pero no entre ellos.Entre ellos seguía existiendo un océano.Camelia mantenía la mirada fija en la ventanilla. Fernando, en cambio, la observaba de reojo de vez en cuando, asegurándose de que respirara con normalidad.No se atrevía a hacer más.Había prometido respetarla.Y por primera vez en su vida, estaba dispuesto a sufrir en silencio.Las horas comenzaron a pasar.Camelia luchó contra el sueño durante un rato, pero el cansancio terminó por vencerla.Sus párpados se hicieron pesados.La cabeza se inclinó.Y poco a poco… Terminó apoyándose sobre el hombro de Fer
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