Capítulo 13. La verdad que quema.
La madre de Fernando abrió la boca, sorprendida.—Bueno… no. Yo soy su madre adoptiva. Pensé que Fernando te lo había contado. Es algo que nunca hemos escondido en la familia. Yo era prima de su padre biológico.Camelia soltó una risa corta, sin humor. Se llevó la servilleta a la boca, aunque no tenía nada que limpiarse.—Qué interesante —dijo, mirando a Fernando—. Resulta que hay muchas cosas que mi esposo se olvida de contarme. Dentro de eso, que él es adoptado.Fernando levantó la vista. Sus ojos estaban oscuros, llenos de algo que parecía pánico.—Camelia…—Mi amor, por favor. Ella se quedó callada, y no hizo ninguna otra alusión al tema.Los padres de Fernando se fueron poco después de la comida. Doña Marian intentó quedarse más tiempo, claramente incómoda con el ambiente que se había creado, pero Arturo la tomó del brazo y la sacó de la casa con la excusa de que estaban cansados del viaje.En cuanto la puerta principal se cerró, el silencio que quedó en la casa fue asfixiante.
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