Capítulo 118. La orden de Camelia.
El cañón de la pistola temblaba a un milímetro del pecho de Elías.La tensión en la habitación de seguridad cortaba el aire. Nadie respiraba. El prisionero, amarrado a la silla de hierro, apretaba los dientes con los ojos verdes clavados en la espalda del hombre que le servía de escudo.—Apártate, Elías —bramó Fernando. La voz le salió rota, ahogada por una rabia ciega—. Te juro por mi vida que voy a disparar.—Hazlo —desafió Elías con voz helada—. Pero la bala va a pasar primero por mí.Fernando perdió el juicio por completo.El heredero de los Zaldiviar soltó la pistola de golpe. El arma cayó al piso de madera con un estruendo sordo. No le importó. Con los puños apretados y la furia desbordada, se lanzó directo contra Elías.Un puñetazo brutal se estrelló en la mejilla del ejecutivo.El impacto sonó seco. Elías trastabilló hacia un lado, perdiendo el equilibrio por un segundo. El labio, que ya tenía roto por la mordida del prisionero, volvió a abrirsele de par en par. Un hilo espeso
Leer más