Capítulo 119. Advertencia.
Fernando levantó la vista del piso. Tenía el rostro empapado de sudor y los ojos negros llenos de frustración.
—Camelia, sal de aquí —logró decir Fernando con la voz rota por el dolor del vientre—. Este tipo... Elías defiende al bastardo que vino a secuestrarte.
Camelia se detuvo a medio metro de su esposo. Miró al prisionero atado a la silla de hierro.
Los ojos verdes del menor de los Fontana se clavaron en ella con una frialdad absoluta y desafiante.
—No me importa quién sea —sentenció Cameli