Capítulo 117. Tendrás que dispararme a mí.
Elías abrió los brazos, cubriendo con su cuerpo el espacio entre Fernando y el prisionero. Su respiración era rápida. Sus ojos oscuros brillaban con una determinación implacable que no admitía ninguna discusión ni orden corporativa.
Fernando se detuvo en seco.
Apretó los dientes hasta hacerlos chirriar. El dolor de sus puntos le daba tirones continuos en el estómago por el esfuerzo, pero su atención se desvió de golpe hacia la actitud defensiva de Elías.
Evaluó la escena en silencio durante cua