Capítulo 99. La agonía del monstruo.
El dolor del pulmón destrozado le colapsó el pecho. Su cuerpo se retorció en un último espasmo violento. Buscó aire por desesperación. Abrió la boca, pero sus pulmones ya no respondían. Solo salió un jadeo ahogado y un borbollón de sangre oscura.Sus ojos se quedaron fijos en Fernando. Llenos de rabia. Llenos de agonía pura.Y luego, el cuerpo inmenso de Vincenzo Fontana perdió el soporte. Se desplomó de lado contra el suelo de piedra, golpeando su rostro contra los escombros.El rey de la mafia no volvió a moverse. Mulló en el piso sucio, ahogado en su propio veneno y despreciado por su propia sangre.Arturo bajó el arma. Sus hombros subían y bajaban con rapidez. El diablo estaba muerto.—¡Arturo! —gimió Marian desde el piso.El quejido agudo lo sacó de su trance.Arturo tiró el arma. Cayó de rodillas junto a su esposa, rasgando el resto de su manga para presionar con más fuerza la herida del costado.—¡Estás a salvo! —le dijo él, con voz ronca y apresurada—. Ya se acabó, Marian. Lo
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