Capítulo 92. El dueño de la sangre.
Arturo Zaldiviar, cruzó el umbral de la villa pisando los cristales rotos.
Detrás de él, un escuadrón de mercenarios fuertemente armados aseguró el perímetro en cuestión de segundos. El salón principal era un desastre.
Luciano y Elías estaban de pie frente a la mesa de cristal. Camelia estaba sentada en el sofá, pálida y tensa.
Arturo no saludó. Avanzó directo hacia la mesa. Su rostro era de piedra. La mano derecha, envuelta en un vendaje manchado de sangre seca, descansaba cerca de su arma.